¿Y si en vez de felicitar, hablamos de empoderamiento?

Por Psicóloga Paola Aguilera Huerta

Hay una pregunta que se repite ¿Por qué existe el Día Internacional de la Mujer?, a la cual en ocasiones se dan respuestas con un discurso vago, trivial e inexacto, tergiversando el verdadero objetivo y generando rechazo a algo tan absurdo como festejar a las mujeres por ser “tiernas, delicadas y hermosas”.

Claro que es más fácil felicitar, dar un abrazo, regalar una flor, publicar frases prefabricadas e incluso llevar a comer a las “maravillosas mujeres de nuestra vida”, que hacer frente a una realidad dolorosa, de desigualdad, violencia y discriminación, sin embargo es justo eso lo que busca el Día Internacional de la Mujer, poner en la mesa de diálogo estas problemáticas, visibilizar la condición de las mujeres y plantear una agenda para realizar acciones de transformación.

Por ello en esta ocasión abordaré un tema fundamental que es el empoderamiento femenino, el cual se ha calificado como “moda”, lo cual me parece un gran error ya que las modas son algo efímero. En cambio, el empoderamiento femenino debe ser algo que permee en las vidas de las mujeres, en sus relaciones y en su papel dentro de la sociedad, de manera permanente y creciente.

Se ha intentado promover el empoderamiento a través de mejorar la economía de las mujeres, sin embargo aunque es cierto que la autonomía económica es necesaria, nunca será suficiente, sino se comienza por un proceso individual de concientización y de desarrollo de competencias personales, emocionales, interpersonales y de la capacidad de tomar las riendas de su propia vida.

Otra idea falsa es pensar que el empoderamiento femenino, consiste en quitarle el poder a los hombres para dárselo a las mujeres, pero un tipo de poder en específico el “poder sobre”, el cual ha sido ejercido por siglos en el sistema patriarcal y se sustenta en el control, la dominación, el ganar-perder, la violencia y relaciones desiguales.

Sin embargo lo que en realidad pretende impulsar el empoderamiento femenino es un tipo de poder que surge desde el interior, que se construye y no se arrebata, que se comparte y no se impone, que cree en la inclusión y no en la manipulación, que cuestiona el orden establecido y apuesta por la igualdad. Este poder no busca quitar algo a los hombres, sino devolver a las mujeres lo que siempre les ha correspondido y les ha sido negado.

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